¿QUÉ ES LA BIOCONSTRUCCIÓN?

La bioconstrucción es un tipo de edificación que emplea técnicas que buscan garantizar el ahorro energético, la preservación del medioambiente y el cuidado de la salud humana, aplicando en la construcción de las viviendas de forma directa materiales no contaminantes que expulsen gases tóxicos a la atmósfera y que sean, en la medida de lo posible, naturales, renovables y reciclables.

 

Las cuatro claves de una bioconstrucción

 

  1. Materiales naturales:

 

Los materiales deben ser naturales y pertenecer al lugar local donde se lleve a cabo la construcción, así como estar poco manufacturados y corrompidos de forma artificial. En este sentido, si fuera necesario obtener materiales que pasaran por procesos de extracción, transporte y colocación, deben ser procesos totalmente respetuosos con el entorno medioambiental y contar con la garantía y el apoyo que ofrece un Análisis de Ciclo de Vida (ACV).

 

  1. Sostenibilidad:

 

Por definición, la bioconstrucción es sostenible, en tanto que pretende conservar un equilibrio entre el sector ambiental y el sector económico, convirtiendo viable a la edificación, entre el área económica y el social, haciendo justa la construcción, y, por último, entre la división social y la medioambiental, edificando una construcción soportable y eficiente para el sistema de la naturaleza que la sostiene.

 

Los sistemas de construcción elegidos y los materiales sostenibles que los conforman provienen de  fuentes renovables y próximas al lugar de la construcción, para minimizar la emisión minimizando la emisión de gases de efecto invernadero y el uso de energía combustibles fósiles. Un proyecto de bioconstrucción tendrá en cuenta el entorno y el clima, los ocupantes y la sociedad en la que viven, la economía. Será más eficiente y confortable, consumirá menos recursos y creará marcos de relación justos y equitativos.

 

  1. Colaboración:

 

La bioconstrucción es colaborativa ya que fomenta proyectos de participación activa donde se  compaginan técnicas tradicionales constructivas con sistemas de construcción alternativos. En este sentido, la toma de decisiones se realiza de forma transversal, entre los distintos departamentos del proyecto de la construcción, mediante el consenso y la colaboración de todos los miembros del equipo, y no de forma unilateral y vertical. Asimismo, la bioconstrucción busca la integración y el desarrollo justos para con la sociedad y el entorno natural en el cual se va a establecer, y se deja de lado la exclusiva prioridad de maximizar los beneficios monetarios resultantes de dicha construcción.

 

  1. Bienestar:

 

Entendida como la unión entre la salud y el confort de una vivienda, el bienestar es otro de los objetivos a conseguir en una bioconstrucción. Se pretende alcanzar el equilibrio entre la calidad del aire interior, sin gases contaminantes de origen físico, químico o biológico, mediante el uso de “superficies higroscópicas” que absorben el vapor de agua del interior de los edificios y que, a su vez, son confortables por su aspecto térmico, lumínico, acústico y espacial. En este sentido, para lograr espacios bien proporcionados es necesario elaborar un estudio de la ergonomía y la utilidad de la zona para aplicar las medidas a las necesidades básicas de los futuros habitantes de la construcción.

 

 

Aspectos a tener en cuenta para construir una bioconstrucción

 

Si queremos realizar un proyecto de bioconstrucción debemos tener en cuenta varios factores. Para empezar, es recomendable contratar a un experto en el asunto correspondiente. Los arquitectos convencionales no suelen conocer a fondo la bioconstrucción, por lo que es necesario buscar a un profesional con experiencia y conocimiento previos en la materia de la eco-arquitectura. A lo largo del territorio nacional, se puede dar con buenos profesionales, aunque aún no hay un gran número de especialistas en esta materia.

 

Para seguir, se realiza un estudio geobiológico del terreno donde se va a edificar la vivienda. En este análisis, se detallan las posibles alteraciones geológicas y físicas que pueden afectar a los futuros habitantes de la casa, entre las que destacan las fallas geológicas, las salidas de gas, los campos electromagnéticos producidos por tendidos eléctricos o las estaciones de telefonía móvil. Una vez estudiado el terreno, y teniendo en cuenta las características geobiológicas, se diseña el proyecto adaptado a las necesidades reales de los futuros habitantes de la construcción.

 

Por último, y en relación a la estructura del edificio, se valora una amplia variedad de posibles elementos, como pueden ser la piedra, los ladrillos de cerámica, la tierra (adobe, tapial o bloques de tierra estabilizada) y la madera (maciza, laminada o de estructura ligera). Además, en la estructura de una bioconstrucción, es clave tener en cuenta los aislamientos exteriores y se suelen usar materiales naturales, como son el corcho, la celulosa y las fibras vegetales (cáñamo, madera, lino, fibra de coco, paja o algodón); de los cuales el corcho es el más empleado, aunque en los últimos años, la celulosa y la fibra de madera se está abriendo paso en el mercado.

 

Con respecto a los materiales elegidos para las ventanas, puertas o vigas, destacan los productos naturales que provienen de las talas controladas con el Certificado de Gestión Forestal cuyas siglas son FSC y cuyo sello garantiza la evaluación y el control de las mejores prácticas forestales de acuerdo a los Principios y Criterios del FSC (Forest Stewardship Council). Asimismo, las pinturas y los barnices tanto de exterior como de interior deben tener un origen natural, transpirable y no contaminante de gases tóxicos al medioambiente.

 

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